domingo, 10 de febrero de 2008

Edimburgo me despide con un tiempo terrible. Un temporal está atravesando el país y yo he pasado mis dos últimos días metida en cama con fiebre, y cuando me encontraba mejor, incapaz de atravesar la living room por culpa del desorden de mi compañero de piso. Más que desorden diría dejadez y desconsideración hacia l=s demás, en este caso especialmente hacia mí ya que conmigo comparte el piso. Pero en fin, no quiero empezar a echar pestes de la gente con la que vivo, sólo sea dicho que en tres de las siete veces que he compartido piso alguien ha conseguido ponerme de los nervios y que estoy harta de aguantar a gente que no se merece nada.

Esta semana quería haber visitado muchos lugares que me faltan de la ciudad, incluso haberme pegado una escapadita a Glasgow o Stirling. Pero tras el afán por encontrar trabajo a toda costa, el lunes pasado me vi con que tenía jornada de martes a domingo. Bueno, “algo de dinerito que me hace falta”, pensé. Aunque según fueron pasando los días anulé las jornadas del viernes, sábado y domingo, para poder aprovechar al menos el fin de semana.

Cuál fue mi mala suerte que el martes por la noche ya se libraba una lucha en mi garganta entre algún virus invasor y mis defensas inmunológicas. Fue tras mi primer día en contacto con l=s pequeñaj=s de la guardería, que están tod=s malos. No sé cómo aguanté miércoles, jueves y viernes sin ponerme lo suficientemente enferma como para no poder ir a trabajar. ¡El poder de la mente! El viernes por la noche mi cuerpecito ya no podía más y empezó a subir la fiebre, llegó el dolor de pecho, el dolor de oído, la congestión nasal, luego la tos y la expectoración. Y ahora, a 24 horas de coger un autobús hacia el aeropuerto, tengo un montón de citas de despedida pendientes, tengo que comprar una maleta y llenarla de cosas. Tengo que ponerme buena y ahí fuera está helando.

Esta hostilidad que me regala el destino espero se compense con lo que en Madrid me espera. A parte de regar mi cabeza con un poco de semiótica, habrá tantos reencuentros...! En Zaragoza dejé algunos proyectos que habrá que intentar retomar, unidos a los nuevos que se rumian. Espero que ninguna úlcera emocional me lo impida. Mientras, en Edimburgo dejo nuevas amistades a medio incubar, que si la suerte así lo quiere madurarán aún más allá en el tiempo y el espacio. Al menos sé que hay simiente, porque me desean lo mejor, sea aquí o sea allí. Si me han pedido que me quede ha sido porque les da pena que no viva la primavera y el verano y me quede sólo con lo peor del otoño y del invierno.

En estos dos días en la cama, después de que pasara la delirante fiebre, no he podido evitar hacer balance y repaso de estos tres meses y medio. Ante todo me siento una persona afortunada, que sabe apañárselas bien, siempre gracias a sus progenitores, que la apoyan a una incondicionalmente cuando le hace falta. Pero ante todo gracias a sí misma, a la capacidad de adaptación y a la de entablar relaciones sociales con las personas adecuadas.

Ahora sé:

- usar las condicionales del inglés.

- que los pueblos de Escocia no tienen Plaza Mayor.

- que Bélgica no me interesa lo más mínimo.

- que algún día iré a Manchester y a Berlín.

- que los movimientos sociales en UK están tristemente centralizados en Londres.

Este blog muda de piel. Ya veréis por qué.

1 comentario:

kris dijo...

Te descubro en la lejanía, como tú bien dices la simiente está plantada. No dejas de sorprenderme y eso me maravilla, es lo bello de la gente. Esa capacidad innata de sorprender, mi ilimitada curiosidad me hace escudriñar. Ahora no estas, mas cerca de mi estas. Tus propositos sin fin son los que te hacen caminar. Me alegro enormemente de poco a poco tus deseos te vayan llegando. Solo una cosa más, aqui, la primavera verano otoño invierno continua y siempre te esperará. ESKER MILA ETA MUXU AUNITZ Kris